julio 18, 2006

Vaho



Hálito de jazmín.
Albo diorama de piernas de tizne.
Trozas el cosmos con tu cortejo.
Con filo de incienso.
Con soltura de cisne que despluma
estela de géminis, estigmas y luceros.

Vuelo de viento.
Viento de pluma.
Hálito de jazmín.

El decurso envanece cristal en tus cabellos
e imaginas que eres luz y vaho perpetuo.
Embelleces diáfano.
Inexistente.
Renaciendo ceniza de canto y suspiro.
Todo tú.
Todo humo.
Todo zen.

Vuelo de viento.
Viento de pluma.
Hálito de jazmín.


emil santos
Puebla, 2006

6 comentarios:

Vilknk dijo...

"Vuelo de viento.
Viento de pluma"

...

Emil Santos dijo...

"Todo tú"

Anónimo dijo...

¿que prefieres: la sordidez de las palabras o su compleja interacciòn,sublime y profunda, que se sienta y se anhele?

Anónimo dijo...

pareceme verdad oculta, misterio ineludible de una gran soledad, pero quien sabe mas de esta sino el hombre, cuya vanidad puede ser interpretada como un signo o mas bien un grito de auxilio, de aquel que esta perdido en las hendiondas penumbras de la sociedad.

Emil Santos dijo...

La palabra ha de ser discreta, como el juicio vehemente. La grandeza del verbo está en la vitalidad de su concepción mental. La voz no ha de mancharse con mezquindad. La palabra es el ala azul con la que el pensamiento alcanza el ensueño. No hay palabras sublimes, sólo imágenes absolutas; sensaciones simples llenas de infinito.

Emil Santos dijo...

Es cierto. Somos enteramente íntimos. Reales. Ocultos. Banalmente significantes. Embalamos un eclipse intrínseco cuya simetría guarda la misma relación entre lo ausente y lo imaginario. ¿Ineludibles? Ineludibles no. Es esa misma duda de soledad la que nos lleva a arder frente al espejo. La que nos cautiva el destino y nos hace latentes. Espaciales. No hay extravío; grito de auxilio mucho menos. Hay perplejidad. La inexistencia es eterna. El socorro, no. Porque aún cuando estamos solos, la soledad misma nos hace compañía. Y así como polvo somos, polvo se hace nuestra soledad.